Los sitios son poca cosa. Pero un sitio, un paisaje y unas gentes hacen que lo que simplemente es un lugar se convierta en una experiencia.
Volví el sábado 28, levantándonos como los días anteriores a las siete de la mañana, llegue a casa en el Pirineo a las 23,30. Ahora dos días después y resueltas casi todas las cosas pendientes que se han generado tras no estar ocho días por aquí puedo pararme a reflexionar y decir tranquilamente, sin la emoción de la marcha, que estar en La Longuera seis días completos, de la noche del sábado 21 a la mañana del sábado 28, han sido una experiencia transformadora.
Ha sido una experiencia que marcará un antes y un después. Como siempre vas con unas expectativas y vuelves con eso que los finos llaman “una mochila” (¿o lo dicen en inglés?).
Intentaré, como acabo de escribir a un amigo, no explicar nada ahora porque de estos días algunos me oiréis, o leeréis, bastante en el futuro.
Vaya aquí mi agradecimiento a Alfred y su acogedora familia, a Abel, y a todos los participantes en esta experiencia.
PD: Por cierto, que casi se me olvida, estuvimos haciendo un curso de Profundización en Tracción Animal